Jaime Guzmán y el Festival de Viña: la historia del “hincha entusiasta” que defendió al Monstruo El reciente perfil Animal Político, de Guido Arroyo, profundiza en el lado más ecléctico y desconocido del fundador del gremialismo. Desde su blindaje al certamen frente a las críticas de la élite en los años 80 hasta su fanatismo por Raffaella Carrá, Los Jaivas y la ópera, el abogado veía en la Quinta Vergara una crucial válvula de escape social y un fenómeno de masas clave para conectar con el sentir popular.

Si acaso el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar tuvo un defensor acérrimo, ese era Jaime Guzmán Errázuriz. El abogado, asesor de la dictadura militar de Augusto Pinochet, e ideólogo de la Constitución de 1980, salía al paso de las críticas cada vez que le era posible.

En los 80, sobre todo en los años de bonanza económica, el certamen recibió críticas por su frivolidad y derroche de recursos. Pero ahí estaba Guzmán para sostenerlo.

Por ejemplo, en una columna para el diario La Tercera titulada Festival: fiesta que une, escribió: “En nuestro país, nos unimos fácil y solidariamente ante las catástrofes. (Si cada uno relata a los demás la forma en que, por ejemplo, experimentó un terremoto, es porque se trata de vivencias colectivamente compartidas).

Sin distinciones de edades, de extracción socioeconómica o de tendencias políticas, las variadas incidencias festivaleras son temas de común conversación entre todos. [...] ¿Cómo no va a ser un grato acierto conseguir que anualmente, por algunos días, nos unamos en torno a la música, el baile, el humor y el espectáculo?“.