Cuando los dos terremotos sacudieron el litoral central de Venezuela, primero uno de magnitud 7,2 y luego otro de 7,5, cientos de edificaciones se desplomaron en minutos. El doble sismo dejó más de 1.400 muertos, al menos 774 edificios derrumbados y otros 189 en colapso total. Lo que las imágenes de destrucción no muestran es que, tres años antes, un estudio científico ya había anticipado lo que podía ocurrir.
La investigación, publicada en 2023 y reseñada por T13, concluyó que las torres de hormigón de más de 20 pisos levantadas sobre suelos blandos y bajo la normativa venezolana presentaban una probabilidad superior al 80% de colapso ante un sismo de gran magnitud. El trabajo fue liderado por Eduardo Núñez Castellanos, especialista en riesgo sísmico y jefe del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), institución chilena ubicada en la región del Biobío.
Núñez explicó que la destrucción no tuvo una sola causa. "Si son edificios antiguos, pues obviamente no han sido validados o reforzados con normativa vigente; si tuvieron problemas de fiscalización en la etapa constructiva; si están ubicados en suelos blandos; si están sometidos a una amenaza como esta", detalló. Todos esos factores se combinaron en las zonas más devastadas.
El segundo sismo fue especialmente destructor en La Guaira, ciudad costera venezolana. Allí, el tipo de suelo agrava cualquier movimiento telúrico: Núñez confirmó que se trata de "depósitos con arenas, susceptibles a licuefacción", un fenómeno en que el terreno pierde su consistencia durante un sismo y se comporta como líquido. El mismo suelo ya había sido estudiado tras el terremoto de 1967 que afectó a Caracas.
El ingeniero aclaró que nadie podía predecir la magnitud exacta de lo ocurrido, pero que sí era posible identificar las edificaciones con mayor exposición: pórticos de concreto armado de más de 20 niveles, en suelo blando, sin refuerzo actualizado según la normativa vigente. Esa descripción coincide con buena parte del parque habitacional dañado.
Mientras la búsqueda de sobrevivientes continúa entre los escombros, Chile ya tiene equipos desplegados en terreno. 45 bomberos chilenos trabajan en las zonas de mayor destrucción con precaución ante el riesgo de nuevos derrumbes, según informó el tercer comandante del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Brigadistas nacionales también iniciaron sus labores de apoyo desde los primeros días tras el desastre.