El exceso de peso en la infancia tiene muchas causas conocidas. La alimentación ultraprocesada, el sedentarismo y la falta de sueño están entre las más citadas. Pero hay un factor que rara vez aparece en los tratamientos: comer cuando el cuerpo no tiene hambre.
Valentina Inostroza, académica de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad de Las Américas sede Concepción, describe este fenómeno como comer en ausencia de hambre, un mecanismo en el que la persona consume alimentos sin que existan señales fisiológicas reales de apetito. El gatillo no es el estómago vacío, sino el aburrimiento, el cansancio, la tristeza o un estímulo externo como un anuncio de comida.
Cuando un niño o adolescente come en estas condiciones, activa el sistema de recompensa del cerebro, el mismo mecanismo que regula el placer. Con el tiempo, el organismo aprende a buscar esa sensación, lo que puede derivar en una dependencia alimentaria que refuerza el ciclo del exceso de peso.
La evidencia también muestra que esta conducta es más frecuente en niños y adolescentes que ya tienen sobrepeso u obesidad. Los que más la padecen son, precisamente, quienes están bajo tratamiento para controlar su peso, pero sin que ese factor se aborde.
Los tratamientos actuales para la obesidad infantil en Chile raramente incluyen evaluaciones que detecten si el paciente come en ausencia de hambre. Si no se identifica esta conducta, las metas de cambio de hábitos tardan más en cumplirse o directamente no se alcanzan. La paradoja es que el país cuenta con instrumentos validados para diagnosticarla, pero no se usan de forma sistemática.
El primer paso es cambiar la forma en que se entiende la obesidad infantil. Tratarla solo como un problema de fuerza de voluntad es un error: el organismo de muchos niños ha aprendido a no reconocer correctamente cuándo tiene hambre y cuándo está satisfecho, y eso requiere un proceso de reeducación.
Ese proceso puede comenzar con cambios cotidianos concretos: comer en familia sin pantallas, masticar con calma y dejar de usar la comida como premio, castigo o consuelo. No son soluciones inmediatas, pero interrumpen el ciclo que lleva a comer sin necesidad biológica.
