El Imacec (el Indicador Mensual de Actividad Económica, el termómetro mensual que publica el Banco Central) cayó 0,9% en mayo respecto al mismo mes del año anterior. El dato reavivó el debate sobre la recesión técnica, y la Presidencia calificó la situación como una "enfermedad económica". Pero los propios números del Banco Central cuentan una historia más matizada.

El índice total está siendo arrastrado por la minería. Si se excluye ese sector, el Imacec no minero creció 0,7% en doce meses, y en su versión desestacionalizada subió 1,0% respecto al mismo período del año anterior. El cobre, que pesa de forma desproporcionada en el PIB (Producto Interno Bruto) chileno, atraviesa una fase de menor producción que distorsiona la foto general. No es recesión en sentido amplio: es minería en repliegue.

Eso sí, tampoco hay razones para el optimismo fácil. El componente no minero registró una caída mensual de 0,3% frente a abril, lo que confirma que la economía sin minería tiene cierta tracción, pero insuficiente.

Otro argumento que circuló fue el alza de combustibles de fines de marzo, cuando el ajuste al MEPCO (el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles) impulsó el precio de la bencina al alza. El problema con esa explicación es que el propio sistema comenzó a revertir parte del aumento a medida que el petróleo volvió a niveles previos al conflicto que lo originó. Atribuirle a los combustibles el estancamiento de mayo ignora que ese shock ya se estaba diluyendo cuando llegaron los datos.

Donde sí hay una señal preocupante es en el mercado laboral. El desempleo llegó a 9,4% en el trimestre marzo-mayo, la informalidad alcanza al 27% de los trabajadores y la fuerza de trabajo crece a un ritmo mayor que la ocupación. Hay más personas buscando trabajo del que la economía está creando, y ese desequilibrio no se resuelve declarando o descartando una recesión técnica.

Así lo advierte Mauricio Villena, decano de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad Diego Portales (UDP), quien señala que el debate político mezcla fenómenos distintos y conduce a un diagnóstico incompleto. Para Villena, el foco debería estar en la política monetaria: con la TPM (Tasa de Política Monetaria) en 4,5%, holguras de capacidad y riesgos inflacionarios acotados, existe margen para discutir nuevos recortes de la tasa de interés.

El propio Villena es el primero en matizar: la tasa puede acompañar el ciclo, pero no reemplaza inversión, productividad ni empleo formal. "Chile no está en caída libre. Está creciendo demasiado poco, y cuando esta situación se prolonga en el tiempo, el costo aparece en empleo, ingresos, recaudación y confianza", concluye.