El yen, la moneda japonesa, llegó esta semana a 162,85 yenes por dólar, su nivel más bajo desde diciembre de 1986. La cifra encendió las alarmas en los mercados financieros globales y llevó al gobierno de Japón a reiterar que está dispuesto a actuar.

"Responderemos adecuadamente cuando sea necesario", declaró en rueda de prensa Satsuki Katayama, ministra de Finanzas del ejecutivo encabezado por la primera ministra Sanae Takaichi. Katayama aseguró que Japón y Estados Unidos mantienen "contacto estrecho" sobre la situación cambiaria, incluso en días festivos, y que la política económica del gobierno "no cambiará en absoluto".

Para entender la magnitud del problema: cuando el yen pierde valor frente al dólar, Japón paga más caro por casi todo lo que importa. El país asiático depende del exterior para el grueso de su petróleo y materias primas, por lo que un yen débil se traduce directamente en más inflación y costos más altos para los consumidores.

El gobierno ya había actuado antes. Según informó BioBío Chile, entre el 28 de abril y el 27 de mayo de este año el Ministerio de Finanzas destinó un récord de 11,73 billones de yenes (unos 63.520 millones de euros) para defender la cotización de su moneda, comprando yenes directamente en los mercados de divisas. Fue la tercera intervención de este tipo desde 2022: en mayo de 2024 se usaron 9,78 billones de yenes (52.960 millones de euros) y en octubre de 2022, otros 6,349 billones (34.330 millones de euros).

El Banco de Japón, que cumple una función similar al Banco Central de Chile, también movió sus fichas. A mediados de junio subió su tasa de interés de referencia en 25 puntos base (un cuarto de punto porcentual), dejándola en 1%, el nivel más alto desde 1995. Fue la primera alza en seis meses y una señal de que la institución quiere combatir la debilidad del yen también desde la política monetaria, no solo con compras directas de divisa.

En total, el gobierno japonés ha gastado más de 27 billones de yenes en intervenciones directas desde 2022 para frenar la caída de su moneda, sin lograr revertirla de forma permanente. Katayama no precisó cuándo podría producirse una nueva acción concreta, pero la señal del ejecutivo es clara: si el yen sigue cayendo, Tokio volverá a intervenir el mercado.