Dentro de 24 horas, María Paz Arzola asumirá como ministra de Educación del gobierno de José Antonio Kast, reemplazando a Nicolás Cataldo. La ceremonia de cambio de gabinete está programada para este miércoles y marca el inicio de su mayor desafío público.
La profesional de 39 años decidió completar una intensa agenda de reuniones con actores del sistema antes de tomar posesión. En ese recorrido se encontró con cinco exministros: José Pablo Arellano, exministro de Educación con el presidente Eduardo Frei; Mariana Aylwin, exministra con el presidente Ricardo Lagos; Sergio Bitar, exministro con Ricardo Lagos; Raúl Figueroa, exministro en la segunda administración de Sebastián Piñera; y Carolina Schmidt, exministra en la primera administración de Sebastián Piñera. Además sostuvo bilaterales con parlamentarios y asociaciones del sector y conversó con el actual titular, Nicolás Cataldo.
Sergio Bitar, exministro de Educación, sintetizó el objetivo de esos encuentros: "El Ministerio de Educación es uno de los más importantes para el futuro y las nuevas generaciones", y añadió que consultar a quienes han pasado por el cargo permite evitar polémicas y actuar con mayor rapidez. Raúl Figueroa, por su parte, dijo que "el valor de esas conversaciones está en poder transmitir la experiencia de lo que significa ejercer el cargo", en especial para la elaboración de un plan de trabajo inicial.
El contexto histórico también pesa. Arzola será la décima mujer en dirigir la cartera desde María Teresa del Canto, que ejerció entre 1952 y 1953 con Carlos Ibáñez del Campo como presidente. Otras mujeres que han ocupado el puesto incluyen a Mónica Madariaga, Mariana Aylwin, Marigen Hornkohl, Yasna Provoste, Mónica Jiménez, Carolina Schmidt, Adriana Delpiano y Marcela Cubillos, antes de los ministros hombres que siguieron.
En lo práctico, la ronda apunta a acelerar la confección de un programa de gobierno operativo para los primeros meses. La agenda recoge experiencias sobre financiamiento escolar, gestión de liceos emblemáticos y tensión con actores docentes y municipales. Ese foco tiene sentido frente a advertencias recientes del ministro Nicolás Cataldo, quien afirmó que la crisis en liceos emblemáticos responde a factores estructurales y no al Sistema de Admisión Escolar, lo que obliga al próximo equipo a mirar reformas de fondo.
Quién gana y quién pierde dependerá de la capacidad de Arzola para transformar consejos en decisiones. Ganan familias y estudiantes si las orientaciones traducen experiencia en soluciones concretas; pierden si las reuniones quedan en declaraciones y no en políticas aplicables. Políticamente, los exministros buscan condicionar positivamente el arranque, pero también transmiten límites: no hay recetas rápidas para problemas estructurales.
La toma de posesión será el primer examen público. En los días siguientes habrá que ver si Arzola publica un plan de trabajo claro, cómo integra a los actores consultados y qué medidas propone frente a los desafíos que Cataldo y otros exministros han identificado. En ese marco, la experiencia recabada puede acortar tiempos, pero no sustituye una hoja de ruta con plazos y responsables.
