El cine de Fernando Franco nunca ha sido especialmente cómodo. Debutó con La herida, una película que abordaba el trastorno límite de personalidad y le siguió Morir, en la que el protagonista, tenía un cáncer terminal.
La consagración de la primavera giraba en torno a la asistencia sexual a personas con discapacidad y Subsuelo giraba en torno a dos hermanos que mantenían una relación incestuosa. Por resumir brevemente.
Ahora, el director se introduce en un tema todavía más espinoso y que no se había abordado de una manera específica en el cine español hasta el momento: los casos de abusos sexuales por parte de miembros de la Iglesia a menores de edad. PUBLICIDAD “El proyecto surge como una propuesta de Merry Colomer, que es la productora de Morena Films, bastante enfadada por todas las noticias que estaba leyendo los periódicos en relación a las investigaciones de los casos de abusos dentro de la Iglesia, pues de alguna manera sentía que había que hacer una película sobre eso.
Cuando me lo propuso me dio libertad total para abordar el tema y yo le planteé que quería escribir la historia desde el punto de vista del abusador, no del de la víctima”, cuenta Fernando Franco a Infobae. El punto de vista del sacerdote violador El protagonista, interpretado por Alberto San Juan, se llama Manuel y es un sacerdote que mantiene una relación con un joven (en este caso mayor de edad), y planea colgar los hábitos.
Sin embargo, el proceso se retrasa, parece estancado, hasta que se entere que un antiguo alumno del centro donde trabajaba, lo ha denunciado porque cuando era niño abusó de él. PUBLICIDAD A partir de ese momento, entrará en un proceso primero de pánico, de miedo por no poder continuar con su vida para, finalmente, decidir que quiere revelar lo que hizo en el pasado con la esperanza de que algo cambie.