Columna de Javier Salinas: “Labrando el Futuro: El Potencial de una Inversión sin Trabas” En la economía, como en la agricultura, el éxito de la cosecha no depende exclusivamente de la calidad de la semilla o del fertilizante que se aplica. Por más que se optimicen los insumos, si el terreno está bloqueado por una maleza administrativa que asfixia el crecimiento, la rentabilidad final será insuficiente.
En el Chile de 2026, enfrentamos una dicotomía similar: mientras el debate público se concentra con justa razón en la arquitectura tributaria (el “fertilizante” de la inversión), no podemos retrasar la limpieza crítica de los suelos administrativos. No obstante, la gestión interna es solo una parte de la ecuación.
En una economía pequeña y abierta como la nuestra, el agricultor siempre mira al horizonte. Hoy estamos a la espera que los cielos del entorno internacional se despejen: El eventual cese de los conflictos geopolíticos que han presionado la energía debería corregir a la baja el precio del petróleo, al tiempo que el precio del cobre se mantiene en niveles históricamente altos.
Esta mejora en los términos de intercambio, sumada a una normalización de las condiciones financieras globales y una reducción del apetito por riesgo, configura un escenario externo extraordinariamente favorable. Son factores fuera de nuestro control, pero que Chile debe estar preparado para capturar.
La inversión no responde a estímulos aislados, sino a un ecosistema. Un esquema tributario eficiente y una gestión administrativa ágil son las dos caras de una misma moneda; condiciones necesarias para que, bajo esos cielos despejados, el capital decida asentarse aquí.