El presidente Kast tiene en sus manos una oportunidad concreta para dejar una huella duradera en esta materia. El debate sobre el rol de la ciencia en Chile ha vuelto a la agenda pública.

Es una discusión legÃtima y necesaria, pero a veces se queda en lo superficial: ¿cuánto se gasta?, ¿en qué?, ¿realmente sirve para algo práctico? Más allá de las diferencias legÃtimas entre gobiernos, hay un campo del conocimiento que deberÃa concitar el máximo consenso nacional y la prioridad estatal: las Ciencias de la Tierra.

Chile es, literalmente, un laboratorio natural. Vivimos en el paÃs más sÃsmico del planeta.

Tenemos la cordillera más joven del mundo, decenas de volcanes activos, glaciares que se derriten, zonas enteras expuestas a aluviones. Al mismo tiempo, nuestra principal riqueza (el cobre, el litio, el hidrógeno verde, la geotermia, entre ellos) está bajo la superficie.

Conocer mejor esa tierra no es un lujo académico. Es una necesidad estratégica.