"Amos del Universo" ("Masters of the Universe") marca el regreso a los cines del héroe más poderoso del universo, protector de los secretos del Castillo Grayskull en su eterna lucha contra el maligno "Skeletor" y sus demoníacas fuerzas. Tras el fracaso de la adaptación cinematográfica de 1987 con Dolph Lundgren, la legendaria línea de juguetes de Mattel asumió el nuevo desafío en la gran pantalla de la mano del director Travis Knight, quien tenía experiencia dando un giro optimista y emotivo a marcas conocidas con "Bumblebee", además de un celebrado paso por el estudio de animación stop-motion Laika.
Fue ahí donde trabajó junto al guionista Chris Butler, quien fuera director de "Paranorman" y uno de los escritores de "Kubo and the Two Strings", que dirigió Knight, reuniéndose ahora para viajar hasta el planeta Eternia con una película que no solo toma todas las lecciones aprendidas del anterior intento cinematográfico, sino que también es muy consciente del fenómeno cultural generado en torno a los juguetes. Desde la primera línea de figuras de acción a todas las series animadas, pasando por la película y los memes, las parodias y las tendencias en redes sociales, "Amos del Universo" lo entiende todo.
Jamás se toma demasiado en serio, se ríe de sí misma y nos entrega la superproducción más entretenida de lo que va del año. Nicholas Galitzine da vida al "Príncipe Adam" en la nueva película.
Tomando como base la mitología más popular de la saga, la película reimagina los orígenes del "Príncipe Adam" (Nicholas Galitzine) al verse obligado al exilio en la Tierra, lejos de su natal Eternia, para escapar de un devastador ataque de "Skeletor" (Jared Leto) que consumió al reino. Pasan 15 años y "Adam" vive una vida normal como un humano cualquiera, trabajando en una compañía como parte del equipo de recursos humanos, pero sin olvidar el mundo de fantasía del que vino.
Ahí está uno de los mayores aciertos de la nueva encarnación cinematográfica, pues resulta tener mensajes más profundos de lo que uno podría esperar. Bajo su colorido empaque se presenta una defensa apasionada de la imaginación, a no dejar de fantasear ni soñar.