La revancha de Pedro Lemebel: vuelve el autor que transformó la crónica en una gran performance de la memoria Con 10 títulos recuperados, prólogos latinoamericanos y un osado cambio estético en sus cubiertas, Seix Barral abre una nueva etapa para el acervo lemebeliano. En Culto revisamos las claves de su obra.
Si en algo se basaba la escritura de Pedro Lemebel, era en la urgencia del día a día, el pulso sucio de la acera, el ritmo acelerado de la calle. “Creo que el mayor sustento de mi escritura es mi día apurado, enervante por las mil piruetas que debo hacer para contestar entrevistas, resolver asuntos domésticos, enamorarme y desenamorarme de lo que se me cruza y a veces me deja impávido.
Porque aunque parezca difícil, aún me sorprendo, y a veces también me dejo arrastrar por una ola de inocencia frente a unos ojos impertinentes”, dijo en charla con la revista Rocinante, en 2001. Pero en esa misma conversación Lemebel se desmarcaba del star system literario nacional, y de cualquier pretensión adosada al hecho de ser escritor.
“Con respecto a lo literario, no me interesa esa batalla envidiosa de los literatos chilenos. Parecen conejas pariendo libros fomes solamente con el afán escalador de moldear su nombre en relieve.
Por eso no creo tener referentes locales en esta manga de eunucos letrados, tan fufurufos campaneando el trago en el Mulato Gil en la fonda del Tavelli. A veces mi escritura se anida fugazmente en la evocación de algún texto compungido que me hizo desprenderme de mí, dejar de ser yo en ese instante de comunión con algún nombre: Berenguer, Perlongher, Puig, Monsivais...En su mayoría maricas y mujeres, ¿te das cuenta?”.