No todo lo húmedo es un humedal 17.05.2026 17.05.2026 El autor de esta columna sostiene que «Chile no necesita convertir cada terreno húmedo en un santuario. Pero sí necesita que quienes ejercen el poder político y la jurisdicción ambiental comprendan la diferencia entre un ecosistema y un malentendido.
En un país con crisis hídrica, expansión urbana, pérdida de biodiversidad y eventos climáticos extremos, esa distinción no es un tecnicismo académico. Es una condición básica de adaptación».
Imagen de portada: humedal Río Maipo (Sócrates orellana/ Agencia Uno). Cuando quien ejerce el poder ejecutivo reduce un ecosistema complejo a «terreno mojado», no está describiendo una ley: está moldeando cómo la ciudadanía la entiende.
Declaraciones recientes sobre la Ley de Humedales Urbanos lo ilustran con claridad. Y esa diferencia importa.
Un humedal no es simplemente un terreno mojado. De acuerdo con la legislación chilena, en línea con la Convención Ramsar, los humedales son extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas de agua —naturales o artificiales, permanentes o temporales, dulces, salobres o saladas— incluyendo extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda los seis metros.