De una ofensiva conjunta a objetivos divergentes. Los recientes cruces de ataques entre Israel, Irán y Hezbolá han revelado discrepancias que hasta hace poco permanecÃan ocultas tras una aparente coordinación estratégica.
Las diferencias ya no se expresan únicamente en conversaciones privadas, sino que se han trasladado al terreno público mediante declaraciones, reproches e incluso advertencias directas. La cuestión ya no es si existen desacuerdos entre Washington y su principal aliado en Medio Oriente: Israel, sino hasta qué punto esas divergencias pueden influir en el futuro de la guerra y en la estabilidad de la región.
Relación de Trump y Netanyahu Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la guerra contra Irán el pasado 28 de febrero, la imagen proyectada era la de una alianza plenamente alineada. Netanyahu defendÃa la necesidad de debilitar las capacidades militares iranÃes, destruir sus programas nucleares y de misiles balÃsticos y provocar la caÃda del régimen de Teherán.
Trump, por su parte, respaldó inicialmente una estrategia de máxima presión que parecÃa apuntar en la misma dirección. Sin embargo, esa convergencia comenzó a erosionarse cuando quedó claro que la guerra no producirÃa una victoria rápida.
La resistencia iranÃ, la continuidad de sus estructuras de poder y el cierre del estrecho de Ormuz transformaron una campaña concebida como una operación decisiva en un conflicto prolongado con consecuencias económicas globales. A partir de ese momento, las prioridades de ambos dirigentes empezaron a separarse.