Para Jorge Marrale, La casaca de Dios es mucho más que una película sobre uno de los partidos más importantes en la historia de los mundiales, aquel Argentina versus Inglaterra del inolvidable México 86. El lema aseguraba que mundo estaba unido por un balón, pero estos dos países seguían atravesados por una guerra demasiado latente, con la pelota como inesperado botín y un héroe todavía de carne y hueso dispuesto a convertirse en leyenda.
Por eso, para el actor de mil batallas, reconocido tanto por su labor sobre los escenarios como por su gestión como dirigente de SAGAI, la película encerraba muchos guiños a su historia personal. En el filme dirigido por Fernán Mirás y protagonizado junto a Natalia Oreiro, Marrale interpreta a Titi Malvestiti, el utilero de un club venido a menos pero que guarda en su foja de servicios haber estado en aquel inolvidable vestuario de México.
La ficción disparada de un hecho real -el intercambio de camisetas entre Diego Maradona y el inglés Steve Hodge y el derrotero posterior de la número 10 del astro-, propone una gesta entre un relato desgarrador y los pasos de comedia que surgen mientras busca recuperarla. A él no le interesa tanto aquel pedazo de tela azul, conseguida de apuro en la previa del 22 de junio de 1986 y cosida a mano por las costureras de la concentración del América.
Él sabe que guarda un secreto vinculado a su hijo caído en combate en la guerra de Malvinas. Y nadie le quita de la cabeza que eso tuvo mucho que ver con lo que ocurrió sobre el césped del Azteca.
PUBLICIDAD Por eso, Titi Malvestiti sufre con las apariciones de su hijo en las noches, mientras (sobre) vive en las entrañas de un club que se cae a pedazos. Por eso, Jorge Marrale conecta con aquel pibe que creció en Barracas “sin más alternativas que ser de Boca”, habitué de la Bombonera y admirador de Pescia, Edwards, Rattín, Gonzalito y Valentim”.