El problema no es la IA: es intentar controlar el futuro con leyes del pasado Chile ha decidido entrar de lleno en el debate sobre la regulación de la IA. Pero, ¿estamos legislando sobre lo que entendemos, o sobre lo que nos asusta?, se pregunta en esta columna el socio fundador de AIT, Juan Molano.
Chile ha decidido entrar de lleno en el debate sobre la regulación de la Inteligencia Artificial. Es un paso lógico y necesario, pero genera una inquietud persistente: ¿Estamos legislando sobre lo que entendemos, o sobre lo que nos asusta?
La IA no es un software que se compra, se instala y se queda quieto. Es algo vivo, que muta cada semana y que no cabe en los casilleros legales a los que estamos acostumbrados.
Intentar “atarla” con las lógicas del siglo XX puede darnos una falsa sensación de seguridad, pero en la práctica, es como intentar contener el agua con las manos: el resultado no es el control, sino el desperdicio. Cuando se legisla desde el desconocimiento, los platos rotos los pagan siempre los mismos.
Primero, los emprendedores y las startups, que se encuentran con muros burocráticos que solo las grandes corporaciones pueden saltar o cubrir sus gastos. Segundo, el impacto incluso puede llegar a ser a nivel nacional porque la incertidumbre jurídica genera un impacto contraproducente en la inversión y el talento Pero hay un costo silencioso que preocupa aún más.