A Abdus Salam le prometieron un empleo bien pagado en Camboya para ayudar a su familia, pero acabó atrapado durante más de cinco meses en una red criminal que le quitó su documentación, lo vendió a tres centros de estafas en línea y lo obligó, bajo amenazas y torturas, a engañar a personas de varios continentes. A principios de 2022 este bangladesí -que entonces tenía 26 años y estaba recién licenciado- buscó un trabajo para ayudar a su familia y cayó en manos de una red criminal que lo captó con la falsa promesa de un empleo bien pagado.
Salam contó su experiencia en la 'Cumbre Global contra el Fraude', que concluyó este martes en Viena y estuvo organizada por Interpol y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD). La ONU alertó en la cumbre sobre la necesidad de reforzar la cooperación internacional para frenar el fraude, en especial el digital, un delito que genera cada año cientos de miles de millones de dólares para el crimen organizado y que, en algunos casos, como el de Salam, se entrecruza con la trata, una forma moderna de esclavitud.
Un amigo de confianza de Salam le ofreció la ayuda de un familiar para conseguir un trabajo legítimo y bien remunerado en Camboya, en el que le aseguraron que trabajaría como operador informático en un casino en línea y que ganaría entre 800 y 1.200 dólares al mes. Lejos de esa realidad, Salam fue retenido en 'scam centers' (centros de estafas por internet) donde trabajaba una media de entre 16 y 17 horas diarias, y era castigado con 30 minutos adicionales por cada "cliente" perdido, como los estafadores llamaban a sus víctimas.
Abdus Salam fue captado por una red criminal mediante la falsa promesa de un empleo bien remunerado en el extranjero. Víctimas reales "Había personas con antecedentes criminales, otras que trabajan voluntariamente para ganar dinero, y también víctimas reales", explicó durante el foro este miembro del consejo de la Red Global de Supervivientes, un movimiento impulsado por personas que sufrieron trata.
Siguiendo guiones preestablecidos, los cautivos eran obligados a contactar con personas a través de redes sociales como Facebook, Instagram o X, aplicaciones de citas como OkCupid o Tinder, e incluso servicios de mensajería como WhatsApp. "Tuve que operar más de 20 cuentas de redes sociales al mismo tiempo, todas eran falsas", explicó Salam.