Al extremo sur de Chile, en pleno Estrecho de Magallanes, existe un lugar cuyo nombre no deja indiferente a nadie: “Puerto del Hambre”. Aunque parezca exagerado o incluso inverosímil, su identidad no es fruto de la imaginación, sino de una de las tragedias más duras de nuestra historia.

Para entender su origen, hay que situarse en 1587, cuando el corsario inglés Thomas Cavendish recaló en la zona. Lo que encontró fue desolador, cuerpos sin sepultura, viviendas abandonadas y los restos de un asentamiento que había sucumbido.

Impactado por la escena, lo bautizó como “Port Famine”, nombre en español que conocemos hasta hoy. Pero la historia no comienza ahí.

Hay que retroceder algunos años, hasta el 25 de marzo de 1584, cuando el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa fundó en ese mismo lugar la Ciudad del Rey Don Felipe, a orillas de la actual Bahía Mansa. La intención era clara, asegurar el control del estrecho, una ruta estratégica para la navegación mundial, y frenar el avance de otras potencias europeas.

El asentamiento partió con cerca de 300 colonos, entre soldados, familias, religiosos y trabajadores. Todo indicaba que se estaba levantando una ciudad con proyección.