La televisión abierta chilena fue durante décadas una potencia en producción dramática. Las teleseries movilizaban grandes presupuestos, descubrían actores, instalaban temas de conversación y competían ferozmente por la audiencia.
Hoy, ese panorama parece cada vez más lejano. A la fecha, solamente Mega mantiene una producción estable de teleseries originales, mientras el resto de los canales ha optado por una estrategia mucho más conservadora: recurrir a contenidos ya probados, ya sea del extranjero o de sus propios archivos.
La diferencia es significativa. Mientras Mega sigue apostando por producciones como «Los Casablanca», «El Jardín de Olivia», «Al Sur del Corazón» y «Aguas de Oro», además de remakes de éxitos históricos como «Amores de Mercado» y «El Señor de la Querencia», los demás actores de la industria parecen haber abandonado la carrera.
Mantener un área dramática como las de antaño se ha transformado en un lujo que pocos pueden permitirse. La explicación es principalmente económica.
Producir una teleserie exige equipos numerosos, locaciones, actores, guionistas, directores y meses de trabajo. En una industria que enfrenta restricciones presupuestarias y una audiencia fragmentada entre múltiples plataformas, la apuesta se ha vuelto cada vez más riesgosa.