El viaje del subsecretario de Interior, Máximo Pavez, a Venezuela generó un respaldo transversal en la clase política chilena. La misión, motivada por los terremotos que dejaron al menos 500 fallecidos y 157 desaparecidos, abrió también la discusión sobre la posibilidad de recomponer lazos diplomáticos rotos hace ya varios meses, según informó Cooperativa.
Fue el régimen de Nicolás Maduro quien cortó las relaciones con Chile, luego de que el expresidente Gabriel Boric afirmara públicamente que Maduro se había robado la elección presidencial venezolana de 2024. El excanciller Ignacio Walker lo recordó con precisión: "Chile nunca quiso romper relaciones diplomáticas con Venezuela", y subrayó que el país caribeño "ha estado muy aislado internacionalmente, con un tremendo deterioro interno", mientras una quinta parte de su población vive fuera de sus fronteras.
El exministro Cristián Monckeberg, dirigente de Renovación Nacional (RN, partido de centroderecha), calificó la presencia del subsecretario Pavez en Caracas como "significativa desde el punto de vista político y del rol del Estado". Fue directo sobre la urgencia: "La embajada se hace más necesaria que nunca y es urgente una resolución en eso. Ojalá permita que Chile vuelva a restablecer lazos". Monckeberg precisó que el Gobierno del presidente José Antonio Kast "también lo quiere y lo ha buscado, lo está trabajando".
El exministro Nicolás Eyzaguirre, del Partido por la Democracia (PPD, centroizquierda), planteó que la llegada de ayuda internacional podría servir también para obtener información sobre el funcionamiento real del país. "Lo que se sabe es lo que cambió en la cúpula, pero cómo sigue funcionando ese país es bastante misterioso", señaló, y añadió que tampoco Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha entregado claridad sobre el panorama venezolano.
Bettina Horst, economista de la fundación Libertad y Desarrollo (think tank de centroderecha), advirtió sobre un riesgo concreto: que el crimen organizado aproveche la debilidad institucional venezolana para instalarse en el vacío de poder. "Cuando un país está en el suelo, también hay otras formas alternativas que muchas veces se instalan para darle ayuda a la ciudadanía, pero finalmente terminan debilitando aún más un país y corroyendo más la institucionalidad", alertó.
Mientras el debate diplomático avanza, los brigadistas chilenos ya realizan labores de apoyo en terreno venezolano. La reapertura de una embajada en Caracas no solo facilitaría la coordinación humanitaria, sino que despejaría también las trabas consulares que hoy impiden ejecutar las expulsiones de cerca de 6.000 venezolanos con órdenes pendientes en Chile, una situación que el propio Gobierno ha reconocido como un obstáculo operacional mayor.

