Casi ocho meses después de un acuerdo de alto el fuego que no ha detenido los bombardeos israelíes, la situación humanitaria de los dos millones de gazatíes es crítica: la mayoría sigue malviviendo en tiendas de campaña rodeados de montañas de basura, escombros y, ahora también, con plagas de roedores y menos ayuda humanitaria. Anas Huséin al Nagla, desplazado en el campamento de Deir al Balah (centro) pero originario de la sureña ciudad de Rafah -arrasada por el Ejército israelí y bajo control militar desde mayo de 2024-, asegura que el armisticio "es una mentira" y que sus vidas son ahora más difíciles.
"No ha habido ningún cambio. De hecho, la situación y el sufrimiento han empeorado.
Nos estamos hundiendo en un lodazal", dice a la agencia de noticias EFE mientras su voz queda apaciguada por el zumbido de un dron o de un caza israelí cercano. "¿Qué tregua?
¡Aquí no hay ninguna tregua!", añade poco después. En estos ocho meses durante los que el Gobierno israelí no ha levantado el veto a la entrada de periodistas ni retirado a sus tropas de la Franja, se ha profundizado la escasez de agua potable para quienes viven bajo tiendas de lona, así como la acumulación de residuos fecales, basura y, con ellos, la propagación de enfermedades en unos campamentos hiperpoblados.
La ONU estima que quedan en Gaza miles de toneladas de munición sin explotar y al menos 61 millones de toneladas métricas de escombros -alrededor del 80% de los edificios de la Franja están destruidos o dañados: viviendas, escuelas, universidades, mezquitas-, lo que contamina acuíferos e imposibilita cualquier tentativa de reconstrucción. "Los niños se despiertan gritando en la noche cuando roedores les muerden" "Vemos muchos casos de infecciones respiratorias agudas y de diarrea, ya que el agua no es potable (...) Hay desechos sólidos en cada lugar de Gaza", dice a EFE desde Gaza Salwa al Tibi, directora en el enclave palestino de la ONG médica estadounidense MedGobal.