Llevan semanas preguntándoselo: ¿dónde están las lluvias que prometía El Niño? A pocas semanas del inicio del invierno, las precipitaciones en Chile han sido escasas, muy por debajo de lo que anticipaban los pronósticos de comienzos de año. La explicación, según los especialistas, no es que el fenómeno haya fallado, sino que otro factor climático llegó primero y bloqueó su influencia.
El fenómeno El Niño ya está presente. La Dirección Meteorológica de Chile (DMC) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, conocida por sus siglas en inglés como NOAA, lo confirmaron: el calentamiento de las aguas del océano Pacífico ecuatorial comenzó en mayo, cuando la temperatura superficial del mar alcanzó 28,82°C, casi un grado sobre lo normal. En junio, los registros estarían superando los 29°C.
Patricio González Colville, agroclimatólogo de la Universidad de Talca, lo dice sin rodeos: "El fenómeno El Niño ya llegó". Pero advierte que ese calentamiento oceánico no se convierte de inmediato en lluvias sobre el territorio. Hay un desfase natural entre lo que ocurre en el Pacífico y lo que se percibe en Chile.
El factor que ha puesto en pausa los efectos del Niño es la Oscilación Antártica, fenómeno que la comunidad científica identifica con las siglas SAM, del inglés Southern Annular Mode. Se trata de una fluctuación de los vientos circulares que rodean el continente antártico y que, cuando alcanza valores muy positivos, actúa como barrera: mantiene las tormentas oceánicas confinadas y reduce la probabilidad de que los sistemas frontales lleguen a Chile.
Raúl Cordero, climatólogo y académico de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), señala que la Oscilación Antártica alcanzó récords históricos hace un par de semanas. "Es probable que el arranque seco del invierno haya sido consecuencia de una Oscilación Antártica en valores extraordinariamente positivos y vientos circulares anormalmente fuertes", explicó el investigador.
González añade que el anticiclón del Pacífico todavía no ha cedido lo suficiente. A medida que la temperatura superficial del mar siga subiendo, ese bloqueo atmosférico debería debilitarse y abrir paso a condiciones más favorables para las precipitaciones. La DMC y la NOAA proyectan que El Niño seguirá activo durante lo que resta del invierno y la primavera, con efectos que podrían extenderse al verano 2026-2027.
