La expansión de la matrícula, la demanda por carreras 100% online y la necesidad de actualización permanente de competencias están reforzando el rol de la educación técnico profesional. La educación técnico-profesional continúa consolidándose como un pilar estratégico del sistema de educación superior chileno, en un contexto marcado por transformación tecnológica acelerada, envejecimiento poblacional y nuevas trayectorias laborales más extensas.
Según el último informe de matrícula de la Subsecretaría de Educación Superior y el Sistema de Información de Educación Superior (SIES), la matrícula total superó los 1,45 millones de estudiantes, con un alza del 5% respecto de 2024. Del total de estudiantes matriculados, el 59% corresponde a universidades, mientras que los Institutos Profesionales (IP) concentran el 30,5% y los Centros de Formación Técnica (CFT) el 10,5% restante.
Este crecimiento se explica, en parte, por su vínculo directo con la empleabilidad y por la expansión de modalidades flexibles que permiten compatibilizar estudio y trabajo. Educación superior y mejores resultados laborales La evidencia internacional respalda el impacto de la educación terciaria en el mercado laboral.
De acuerdo con el informe Education at a Glance 2025 de la OCDE, las personas con educación superior presentan tasas de desempleo significativamente menores que quienes cuentan solo con educación secundaria. En Chile, la tasa de desempleo entre adultos con educación terciaria se sitúa en torno al 5–6%, mientras que entre quienes tienen sólo enseñanza media alcanza aproximadamente el 8%, según datos comparativos publicados por la OCDE.
La brecha también se refleja en ingresos: en Chile, las personas con educación terciaria perciben en promedio más del doble de ingresos que quienes sólo completaron educación secundaria, una prima salarial superior al promedio de los países OCDE. Estos antecedentes refuerzan el rol de la educación técnico-profesional como instrumento de movilidad social y como factor clave de productividad.