Un terremoto de gran magnitud sacudió la región de Kota Belud, en el estado de Sabah, al norte de la isla de Borneo, en Malasia. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el seísmo tuvo lugar en la madrugada del lunes, hora local, con epicentro a unos 55 kilómetros al noroeste de Kota Belud y una profundidad aproximada de 620 kilómetros; no se han reportado víctimas ni daños materiales por el momento. Algunos medios locales informaron inicialmente que el movimiento ocurrió la noche del domingo, por lo que existen pequeñas discrepancias en los registros horarios entre fuentes locales y la USGS.
El propio USGS y análisis sísmicos preliminares señalan que, por su elevada profundidad, este tipo de temblores tiende a producir menos efectos en la superficie y es menos probable que genere tsunami. En Malasia las autoridades locales no emitieron alertas de tsunami ni avisos adicionales tras el evento.
En Chile, el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) informó que las características del sismo “no reúnen las condiciones necesarias para generar un tsunami en las costas de Chile”. El SHOA es el organismo responsable de evaluar riesgos de maremoto para el país y coordina, cuando corresponde, la activación de alertas técnicas que luego comunica la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior y Seguridad Pública (ONEMI). En la escala de respuesta internacional, centros como el Pacific Tsunami Warning Center, con sede en Honolulu, también monitorean los eventos en el Pacífico, pero en este caso no hubo indicios técnicos que motivaran una alarma regional.
Para ponerlo en perspectiva, Chile cuenta con una costa altamente expuesta y una historia reciente de tsunamis transpacificos, por ejemplo tras el terremoto del 27 de febrero de 2010. Esa experiencia es la base de los protocolos actuales: el SHOA evalúa primero parámetros físicos del sismo, como magnitud, mecanismo y profundidad, y si detecta riesgo informa a ONEMI para que esta último active medidas de evacuación o alerta pública.
Aunque el riesgo para las costas nacionales fue descartado, las autoridades chilenas mantienen la vigilancia y piden a la población seguir únicamente canales oficiales para cualquier aviso. Si surge nueva información, el SHOA y ONEMI actualizarán los comunicados y las autoridades locales indicarán medidas concretas en las localidades costeras.