Los Emperadores: el fin del orden atlántico 21.05.2026 21.05.2026 El autor de esta columna comenta las recientes visitas de Donald Trump y Vladimir Putin a China, lo que confirma, a su juicio, el rol de la nación asiática en el mundo. Dice que «la equivalencia escenográfica entre las dos visitas —Trump y Putin recibidos en una semana con idéntica alfombra roja, idéntica banda militar, idéntico banquete de Estado— es deliberada y devastadora.
Pekín ha hospedado a los dos rivales de la era nuclear y los ha tratado como iguales entre sí, lo que significa, en términos protocolares, que ninguno de los dos lo es de Xi. Trump regresó con soja y aviones Boeing; Putin regresará con gasoducto y profundización estratégica.
Xi no eligió entre Trump y Putin: los hospedó secuencialmente porque su poder consiste, precisamente, en no tener que elegir». Imagen de portada: WhiteHouse.gov.
Hubo un momento, en la coreografía cuidada del 14 de mayo, en que la cámara captó a Donald Trump caminando junto a Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo, flanqueado por Elon Musk, Tim Cook y Jensen Huang. La imagen no era la de un presidente norteamericano negociando con un rival sistémico, era la de un emperador visitando a otro emperador, escoltado por sus propios magnates, como antaño, cuando viajaban con sus mercaderes de cabecera.
En esa escena —protocolaria, sobrecargada, deliberadamente arcaica— se representa algo más importante que los acuerdos sobre soja, Boeing u Hormuz: el reconocimiento norteamericano de que el mundo ya no se organiza en bloques alineados bajo Washington, sino en un mosaico imperial donde el Atlántico Norte es una pieza más, no necesariamente la decisiva, al menos no siempre. Trump, con su desprecio sistemático hacia la OTAN y Europa, y con la transaccionalidad descarnada que exhibió en Pekín, no está destruyendo el orden internacional por capricho: acepta —y administra— un mundo multipolar, sí, pero multipolar en un sentido específico, predemocrático: imperial.