Hacia una política industrial promercado PAULA ESTÉVEZ WEINSTEIN Subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales A comienzos de junio, durante el Consejo Ministerial de la OCDE realizado en París, el Secretario General de la organización, Mathias Cormann, abordó una pregunta que hoy está en el centro del debate económico internacional: qué tipo de política industrial necesitan los países para promover el crecimiento, la prosperidad y mercados abiertos. La conclusión de Cormann fue clara: “La diferencia entre el éxito y el fracaso radica en qué tan bien se diseña una política industrial y, aún más importante, en qué tan bien se implementa”, señaló.

Y agregó una idea fundamental: “los mercados que funcionan adecuadamente y un comercio abierto basado en reglas siguen siendo la base más eficaz para el éxito industrial”. En Chile, el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, planteó que nuestro país debería repensar una nueva política industrial anclada en las necesidades del siglo XXI, basada en el desarrollo del capital humano y la tecnología para impulsar el crecimiento.

Esto es refrendado por la destacada economista de Chicago Nancy Stokey, quien señala que ese salto al desarrollo sólo se logrará cuando habilidades y tecnología crezcan juntas. “La pregunta relevante, entonces, no es Estado o mercado.

La pregunta es cómo el Estado puede contribuir a que los mercados funcionen mejor”. Estas reflexiones no son casuales.

Buena parte de los desafíos que enfrentan las economías modernas -desde la transición energética y el avance tecnológico hasta las tensiones comerciales y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro- tienen una dimensión productiva e industrial. Como economía mediana abierta al mundo, el desarrollo de Chile ha estado históricamente ligado a la integración internacional, la competencia, la inversión y la capacidad de nuestras empresas para insertarse en los mercados globales.