Julio César Sánchez Madrid, 26 abr (EFE).- La corrida de Palha cumplió en el caballo pero decepcionó estrepitosamente en el resto de la lidia, en una corrida en la que Francisco José Espada se la jugó a carta cabal, un firme Luis Gerpe cayó herido y Sánchez Vara pasó de puntillas en la plaza de Las Ventas de Madrid Sin ser una corrida brillante, en absoluto, estas tardes a veces dejan ver, sin orejas, la inequívoca disposición de algunos toreros. Es el caso de Francisco José Espada.

Su primero, segundo de la tarde, pasó mucho tiempo en el peto de los picadores. Y lo decimos en plural porque acudió primero al de puerta y en el segundo al piquero titular.

Sangró lo suyo y en el último tercio acometió a la muleta de su matador sin entrega y con medio viaje. El madrileño se puso muy de verdad aunque sin poder eclipsar con su actitud la pobre condición de su antagonista.

Una ovación se desató cuando apareció el quinto, el torazo remiendo de Couto de Fornilhos, de aparatosa cuerna que, a la postre, tuvo continente sin contenido. No le importó a Espada tal circunstancia, y se puso como si fuera bueno después de que Iván García destacara, una tarde más, con banderillas y al acertar a hacer humillar al toro en dos capotazos.

Encajado, Espada sorteó tarascadas y se jugó la voltereta en cada muletazo por ambos pitones, perdiendo con la espada la remota posibilidad de ver reconocida su valiente labor más allá de una ovación con saludos, algo protestada. Luis Gerpe le robó al escurrido tercero varios lances de cierto arrebato e indudable ceñimiento, mas ahí quedó lo más reseñable de su actuación, ya que el de Palha lució -es un decir- unas arrancadas cortas y rebrincadas que hicieron imposible la limpieza y armonía en el trasteo del, por otra parte, firme torero toledano.