El verdadero homenaje no está en las ceremonias, sino en replicar los valores en nuestro actuar. Cada 7 de junio, Chile conmemora la Toma del Morro de Arica como uno de los episodios más decisivos de la Guerra del PacÃfico.
La escena permanece grabada en la memoria colectiva: una operación audaz, ejecutada con rapidez, disciplina y una determinación que sorprendió incluso a quienes la protagonizaron. Sin embargo, más allá de la épica, el Morro continúa interpelándonos con preguntas esenciales.
¿Qué hicimos bien entonces que hoy parece escasear? ¿Qué estamos dispuestos a hacer como paÃs cuando los desafÃos ya no son militares, sino institucionales, sociales y económicos?
La primera lección es la valentÃa. No se trata de un arrojo irreflexivo, sino de la decisión consciente frente a la incertidumbre.
En Arica no existÃan garantÃas de éxito, pero sà convicción respecto del objetivo. Ese mismo espÃritu se habÃa manifestado meses antes en Iquique, cuando Arturo Prat, en un acto que se volvió heroico, encarnó el coraje llevado al lÃmite del deber.