Un Congreso unicameral de facto SEÑOR DIRECTOR: Más de mil seiscientas indicaciones al megaproyecto de reactivación económica no buscaban mejorarlo. Solo pretendían dilatarlo y torpedearlo.

La oposición jamás se planteó un debate de fondo: su apuesta fue la obstrucción, una guerra legislativa que el diputado Jaime Araya (ind.-PPD) anunció por streaming, sin rodeos, como un “tsunami”. Que el proyecto fuera desangrándose lentamente.

Sin embargo, el cálculo falló. La Moneda, en una jugada estratégica, respondió con una indicación sustitutiva que, apoyada en su mayoría en la Comisión de Hacienda de la Cámara, barrió en bloque con buena parte de las enmiendas que se mantenían vigentes luego del proceso de admisibilidad.

Si bien ambas potestades son legítimas para mejorar un proyecto de ley, acá el espíritu fue buscar la derrota del adversario en el caso del progresismo, y defender como sea, en el caso del oficialismo. La oposición dio un paso en falso.

Se farreó una posibilidad de mostrar una versión distinta a la que tuvo en el segundo gobierno del ex Presidente Piñera. Prefirió la trinchera, y el gobierno, necesitado del aire que le puede dar la aprobación de esta ley, respondió sin filtros.