El Banco Central informó que el Imacec de marzo de 2026 cayó un 0,1% respecto del mismo mes del año anterior. Un dato espantoso.

Mientras el cobre cotiza cerca de los 6 dólares la libra —un precio de ensueño que debería estar impulsando un boom de actividad, inversión y recaudación—, la economía chilena sigue en deterioro. Producción de bienes en caída, servicios y comercio haciendo malabares para compensar.

Esto no es mala suerte: es el resultado previsible de implementar el “otro modelo” que soñaban varios pensadores connotados. Lo que nos vendieron a todo Chile era seductor, y muchos cayeron en la desgracia: más impuestos, más Estado, más gasto público, más “derechos sociales”, más deuda y menos “neoliberalismo”.

En la práctica, significó mayor carga tributaria a las empresas, mayor rigidez laboral, alto desempleo, incertidumbre regulatoria constante, proliferación de trámites y un Estado que gasta más de lo que ingresa, pero produce menos resultados: pura deuda. El sector privado —el que realmente genera empleo productivo y exporta— fue tratado como un enemigo a domar, en vez de un motor a potenciar.

El resultado es el mismo de siempre. La historia no miente y las cifras no perdonan: inversión privada contenida durante años, productividad estancada y crecimiento mediocre.