Un pase al loco de la banda: Marcelo Bielsa lidera a Uruguay en el Mundial Los charrúas se presentan en la Copa del Mundo más mercantilizado liderado por el argentino, el último gran filósofo del fútbol honesto. Uruguay tiene un tesoro en el banquillo.

Los charrúas, herederos de una de las tradiciones más nobles de la Copa del Mundo, presentan un equipo muy digno, de Fernando Muslera a Fede Valverde, pasando por Giorgian de Arrascaeta o Darwin Núñez, pero no van a poder alinear en esta ocasión a figuras totémicas del calibre de un Obdulio Varela, un Diego Roldán, un Enzo Francescoli, un mariscal Nasazzi o un Juan Alberto Schiaffino. Por suerte, al mando de la nave cuentan con un estratega curtido en mil batallas, además de rapsoda y profeta.

Marcelo Bielsa, nacido en la ciudad argentina de Rosario en 1955, pertenece a la estirpe de los que, como Albert Camus, aprendieron todo lo que saben sobre la condición humana jugando al fútbol. A Camus, el balompié le inculcó un tenue sentido de la dignidad y una incurable melancolía.

Para don Marcelo fue una escuela de estoicismo y de sentido trascendental de la derrota, porque muy pocos equipos han sabido perder (o ganar) con la encomiable y apasionada elegancia de los de Bielsa. Tras un breve periplo como defensa central en Newell’s Old Boys, Instituto de Córdoba y Club Atlético Argentino, el rosarino colgó las botas a los 25 años, estudió profesorado de Educación Física y se hizo cargo de la selección de la Universidad de Buenos Aires.

Su primera gran gesta, la que motivó que empezasen a referirse a él como El Loco Bielsa, consistió en recorrer más de 25.000 kilómetros en apenas tres meses para captar jóvenes promesas para la cantera de Newell’s. De ahí salieron leprosos ilustres como Gabriel Batistuta, Eduardo Berizzo o Mauricio Pochettino, a los que introdujo en su fútbol de escuadra y cartabón, pero intenso y esforzado hasta el delirio.