La advertencia no proviene de un actor político ni de un centro de estudios con agenda ideológica. Proviene de una institución creada precisamente para mirar las cuentas públicas con distancia técnica.
Cuando Paula Benavides, presidenta del Consejo Fiscal Autónomo de Chile, señala que “no hay holgura a mediano plazo para financiar sosteniblemente nuevas políticas”, el mensaje es claro: el gobierno heredó un margen fiscal mucho más estrecho del que el país estuvo acostumbrado durante décadas. La advertencia es doble.
Por un lado, Chile aún está a tiempo de corregir el “estrés fiscal” que comienza a reflejarse en la trayectoria de la deuda y en la reducción de los espacios presupuestarios. Por otro, si esa corrección no se produce, el camino ya ha sido recorrido por otros países.
El caso de Argentina —aunque no mencionado explícitamente en el informe— aparece inevitablemente como referencia regional de lo que ocurre cuando los desequilibrios fiscales se prolongan demasiado tiempo. Para el gobierno de derecha, que asumió la conducción del país en este ciclo político, el diagnóstico implica un desafío mayor.
La tentación habitual frente a la estrechez fiscal es concentrarse en el control del gasto: ajustes presupuestarios, eficiencia administrativa, reducción de programas mal evaluados o duplicados. Todo ello será necesario.