El deber de vacunarse Un ámbito donde el gobierno pasado, liderado por Gabriel Boric, fue de menos a más es el de las vacunas estacionales. La campaña de 2023, la primera donde todo el proceso dependía de ellos, fue muy mala.
Paula Daza, ya en abril de ese año, había advertido que se estaba avanzando a paso de tortuga, a pesar de que la llamada “tridemia” (confluencia de Covid, influenza y virus sincicial) había causado estragos en el invierno del hemisferio norte. La meta del gobierno era tener, para el 1 de junio, al 85% de la población de riesgo (personas mayores, enfermos crónicos, inmunosuprimidos, embarazadas, cuidadores y niños) vacunada, y para esa fecha no tenían más que el 60%.
Y nuestro invierno de 2023 fue, efectivamente, muy duro, especialmente con los menores de edad. Los casos de virus respiratorios saltaron un 37% en relación al 2022 (de 26.937 a 37.059).
Hubo un brote severo de virus respiratorio sincicial (VRS), con el doble de casos que en 2022, y una ocupación de camas pediátricas al límite (94% a nivel nacional, 100% en las principales ciudades). Siete lactantes murieron por esta enfermedad (en total 13 menores de un año fallecieron por causa respiratoria).
En el caso de las muertes por influenza y neumonía, aumentaron en un 25,9% entre 2022 y 2023, afectando en su mayoría a adultos mayores de 60 años. El 2024 los objetivos de vacunación de población de riesgo eran más ambiciosos: se buscaba lograr el 85% de cobertura a mediados de mayo, comenzando la campaña a mediados de marzo.