Las cifras que se acumulan cinco días después de que dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieran el norte de Venezuela revelan la magnitud del desastre: al menos 1.719 personas fallecieron, 5.034 resultaron heridas y 15.866 familias quedaron damnificadas.
Así lo confirmó Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional venezolana, este lunes. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), organismo vinculado a las Naciones Unidas, estimó que hasta 6,76 millones de personas podrían haber sido afectadas por los sismos del miércoles.
Los equipos de rescate trabajan sin pausa entre los escombros. Según el Gobierno venezolano, 3.319 rescatistas extranjeros operan en la zona de emergencia, acompañados de 140 perros especializados y 49 vehículos de apoyo. Delcy Rodríguez, presidenta encargada del país, precisó que personal llegó desde El Salvador, México, República Dominicana, Suiza, Ecuador, España, Chile, Colombia, Países Bajos, Italia y Estados Unidos, con más países por sumarse. A ello se añaden más de 7.800 voluntarios venezolanos registrados en un centro de coordinación en Caracas.
La actividad sísmica no ha cedido. Desde los dos terremotos principales, Venezuela registró más de 600 réplicas. Este lunes, la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) reportó cerca de treinta nuevos movimientos. La réplica de esa mañana generó versiones distintas: el Gobierno venezolano la estimó en 4,2 grados, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por su sigla en inglés) la registró en 4,6.
La asistencia internacional también llegó. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, reafirmó el apoyo de su país. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, anunció el envío de más ayuda humanitaria. Los Países Bajos despacharon un buque desde la isla caribeña de Curazao con alimentos y agua potable. La Comisión Europea, brazo ejecutivo de la Unión Europea, comprometió cinco millones de euros y enviará un avión con 50 toneladas de material para refugio y asistencia médica.