Dirigida por Beñat Beitia y Elio Quiroga, la película "Winnipeg, el barco de la esperanza" rescata en Annecy la memoria del navío que, impulsado por el poeta Pablo Neruda, transportó a 2.200 exiliados de la Guerra Civil española hasta Chile, una historia muy conocida en el país latinoamericano, pero no tanto en España. "El Winnipeg representa uno de los grandes ejemplos de solidaridad del siglo XX, una historia positiva y necesaria que sentimos que debe ser contada para dialogar con nuestro presente y con nuestro futuro", explicó Beitia a EFE, cineasta vasco de origen, pero cuya carrera se ha desarrollado mayoritariamente en Barcelona.

Esta coproducción entre Chile, España y Argentina aspira a ganar esta semana en la categoría Contrechamp del Festival de Annecy -que es el certamen más importante del mundo dedicado al cine de animación y se celebra anualmente en la ciudad francesa homónima-, donde en ediciones pasadas triunfaron títulos como "Robot Dreams" (2023) de Pablo Berger. La película, basada en la novela gráfica "Winnipeg, el barco de Neruda" de Laura Martel, también guionista de este largometraje, y Antonia Santolaya, cuenta la historia de "Víctor", un padre viudo, y de su hija "Julia", que abandonan España con la caída de Barcelona en manos de las tropas franquistas, en enero de 1939.

En Francia, como a buena parte del medio millón de personas que huyeron como ellos, les aguardaron campos de concentración y penurias. Pero también aparece una posibilidad de huir: embarcar en el Winnipeg, un carguero francés que iba a partir a Valparaíso gracias a Neruda, a su entonces pareja, la argentina Delia del Carril, y otras muchas figuras políticas y del mundo de la cultura (desde Rafael Alberti a Salvador Allende) que intercedieron para lograr visados y fletarlo.

Reparar la cadena de transmisión de la memoria En aquella época, con refugiados de España partieron en total 268 barcos hacia Latinoamérica, recordó Beitia, con destino mayoritariamente a Argentina y a México, pero también como en este caso a Chile, que requería llegar hasta el Pacífico. Son historias que durante la dictadura franquista quedaron soterradas en el silencio y, por eso, con esta película, el director vasco y su colega canario buscan reparar esa "cadena de transmisión".

"No es meramente hacer una película de animación lo que hemos pretendido", aseguró Beitia. El propio largometraje, con un equipo de 300 personas en total, es una aventura transcontinental por las distintas partes implicadas en la coproducción, lo que traza un paralelismo con la propia historia del Winnipeg.