La selección mexicana de fútbol se ratificó este miércoles como uno de los favoritos del torneo que se disputa en su propio suelo, al superar con claridad 2-0 a Ecuador en el cierre de la fase de grupos del Mundial 2026. Los goles fueron obra de Quiñones y Jiménez, nombres que ya resuenan entre los hinchas del Tri con la intensidad de una celebración colectiva.
Jugar un Mundial en casa transforma cada partido en algo que va más allá del deporte. México lo sabe mejor que nadie: fue sede en 1970 y en 1986, y ambas veces el fútbol se convirtió en un ritual de identidad nacional. Esta edición del torneo, organizada junto a Estados Unidos y Canadá, reparte las sedes geográficamente, pero no el peso emocional. Cuando el Tri juega en México, el estadio deja de ser un recinto y se vuelve un espejo de lo que el país quiere verse.
Ecuador, dirigido por el técnico argentino Sebastián Beccacece, no logró imponerse ni al ambiente ni al juego mexicano. La selección andina llegó con aspiraciones propias, pero el marcador fue contundente. Beccacece, quien tomó el mando de la Tri ecuatoriana con el objetivo de potenciar su juego de ataque, deberá hacer un balance profundo tras esta eliminación.
México avanza a octavos de final y espera rival para el 5 de julio. Su próximo adversario saldrá del duelo entre Inglaterra y la República Democrática del Congo, dos realidades muy distintas en el mapa del fútbol global, y cualquiera de las dos representará un desafío diferente para el equipo azteca.