Crecimiento, no austeridad ciega El gobierno está empujando una era de “austeridad”, no en el sentido virtuoso de prudencia en el gasto, sino en el de forzar recortes cuyos costos macroeconómicos, sociales y políticos pueden ser altos. El punto de partida importa.

En Chile existe una demanda real por más y mejores servicios públicos, desde seguridad hasta protección frente a riesgos que las personas no pueden enfrentar solas. Un ajuste fiscal de 2% del PIB pone necesariamente presión sobre esas funciones.

Y eso tiene consecuencias. El problema chileno no es, ante todo, un desborde del gasto.

Es un problema de crecimiento. Excluyendo intereses y pensiones, entre 2015 y 2024 el gasto público creció en promedio 3,9% al año, mientras la recaudación neta de impuestos lo hizo en 3,4%.

Esa diferencia difícilmente describe una crisis de gasto. Describe, más bien, una economía que crece poco.