La ciencia y la tecnología hoy nos permiten entender mejor las enfermedades y ver cómo combatir sus efectos de una manera más efectiva para su tratamiento. El dolor ya no es solo un síntoma, es una crisis de salud pública en varios países de América Latina.
Por ejemplo, según la actualización más reciente de la “Radiografía del Dolor en Chile” —desarrollada por el Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales junto a la ACHS— el 26% de la población adulta en el país padece dolor crónico. Esta cifra no es solo un dato estadístico; representa a millones de personas cuya calidad de vida, desempeño laboral y salud mental se están desmoronando ante un modelo de tratamiento que muchos consideran insuficiente.
Investigaciones recientes de universidades como Stanford y centros especializados en dolor crónico apuntan a que el cerebro es capaz de “aprender” a sentir dolor, incluso cuando la lesión original ha sanado. Este fenómeno, conocido como sensibilización central, demuestra que: - Factor Biológico: La inflamación y la respuesta nerviosa son solo la base.
Factor Emocional: El estrés, la depresión y la ansiedad actúan como “amplificadores” de volumen en el sistema nervioso. - Factor Social: El aislamiento, la falta de apoyo laboral y el entorno socioeconómico influyen directamente en la capacidad de recuperación del sistema inmune.
Lee también: ¡Impactante! Mil drones recrean al Titanic en el cielo de Belfast con una escala real El modelo Biopsicosocial: La nueva frontera Expertos en el área, como la Psicóloga Clínica Alejandra Rodríguez, directora del Centro del Dolor, sostienen que abordar el dolor de forma fragmentada es un error técnico.