Donald Trump acusó este viernes a Irán de violar el alto al fuego entre ambos países. La República Islámica de Irán lanzó cuatro drones de ataque contra buques en el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial.
Según el presidente estadounidense, uno de los drones impactó directamente en la cubierta superior de un buque tanquero con bandera de Singapur. La embarcación sufrió daños, pero logró continuar su travesía. Las fuerzas de EE.UU. derribaron los otros tres artefactos. Trump publicó los detalles en su red social y no dejó margen a la duda: "Se trata, evidentemente, de una violación temeraria de nuestro acuerdo de alto el fuego".
El incidente tensiona un proceso diplomático que ya era frágil. Washington y Teherán llevan semanas en conversaciones difíciles. El gobierno iraní ha presionado por mantener el control sobre el Estrecho como palanca de negociación. El paso conecta el Golfo Pérsico con el Mar de Omán, y cualquier interrupción allí mueve los mercados de energía en horas.
No es la primera vez que Irán recurre a esa vía estratégica como instrumento de presión. En episodios anteriores de tensión con Occidente, ataques o amenazas en el Estrecho sirvieron para recordar el costo de no ceder en las negociaciones. La diferencia ahora es que existe un alto al fuego formal, lo que convierte el ataque en una violación del compromiso asumido.
La consecuencia más directa está en los mercados de combustible. Un alza en el precio del crudo impulsada por la inestabilidad en el Estrecho termina en la bencina de los conductores en Chile y el mundo. Trump tiene ahora margen político para endurecer su postura o suspender las negociaciones. Irán, por su parte, queda expuesto como interlocutor que rompe sus propios compromisos. El próximo movimiento de Teherán dirá si este episodio fue un error de control o una señal calculada.

