Chipre, una isla que intenta conocerse para superar la división Cafés, festivales y paseos organizados por asociaciones buscan vías de comunicación y reconciliación entre dos sociedades, la turca y la grecochipriota La primera vez que el turcochipriota Mehmetcan Soyluoglu se dio cuenta de que las cosas no tenían por qué ser como hasta entonces le habían contado en su Chipre natal fue en 2003. Tenía 11 años y, con sus padres, hizo una larga cola para cruzar al lado griego nada más abrirse los puntos de cruce entre la Nicosia bajo dominación turca donde vivía —y sigue viviendo— y la grecochipriota.
Quería saber si el helado sabía distinto en el otro lado de la ciudad. Pero el vendedor se negaba a aceptar el dinero de su padre.
“¡Qué vergüenza!”, le afeó otro grecochipriota, que acabó pagando el helado del pequeño Mehmetcan. “Fue la primera vez que me di cuenta de que no se trata de grecos y turcochipriotas, sino de las decisiones que toma la gente”, explica este arqueólogo de 33 años convencido de que la reconciliación y, quizás un día, la reunificación de las dos sociedades divididas desde 1974 es posible.
Por eso colabora con la Casa para la Cooperación, una asociación creada en 2011 como un “puente entre comunidades divididas, recuerdos y visiones”. Su sede está en la zona de nadie controlada por cascos azules de la ONU entre los puestos de control griego y turcochipriota del primer paso entre las dos partes de la isla (de 1,3 millones de habitantes) abierto en 2003, el checkpoint del palacio de Ledra, justo por donde cruzó Mehmetcan hace ahora algo más de dos décadas.
Un sábado al mes, organiza paseos guiados entre las dos zonas de la capital chipriota, explicando las interconexiones y complejidades de una ciudad y un conflicto que tiene raíces más profundas que el más de medio siglo de partición física de la isla ―la República de Chipre en el sur, grecochipriota, miembro de la UE; y la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, solo reconocida por Ankara―. La Casa de la Cooperación también regenta un concurrido café, The Home Café, que se ha convertido en un popular punto de encuentro entre personas de uno y otro lado que quieren conocerse mejor y hacer cosas que los unan, en vez de seguir divididos por una frontera que, subraya Mehmetcan, más que física es “mental”.