Corea del Sur aterrizó en el aeropuerto internacional de Incheon sin ninguna bienvenida festiva. Una multitud esperaba al plantel con pancartas, tambores y abucheos. El blanco de la ira era Hong Myung-bo, el entrenador de la selección, quien pocas horas antes había confirmado su renuncia tras la eliminación en la fase de grupos de la Copa del Mundo 2026, disputada en Estados Unidos, Canadá y México.
La derrota ante Sudáfrica fue el golpe de gracia para la selección asiática. El equipo, liderado por Son Heung-min, el delantero del Tottenham Hotspur inglés y capitán del combinado surcoreano, no logró superar la primera ronda. La prensa local calificó el rendimiento como una decepción profunda y apuntó directamente a las decisiones tácticas de Hong.
Hong Myung-bo no es un nombre cualquiera en el fútbol surcoreano. Como jugador, fue pieza clave en el histórico Mundial 2002, cuando Corea del Sur alcanzó las semifinales como local. Como entrenador, en cambio, su nombramiento fue resistido desde el inicio: la prensa cuestionó el proceso de selección del cargo y la falta de transparencia de la federación. Las dudas no tardaron en confirmarse.
En Incheon, los hinchas no esperaron para expresar su frustración. Las pancartas pedían la salida del cuerpo técnico y los tambores marcaban el ritmo de los cánticos de protesta. La escena contrastó con las expectativas que rodeaban a este equipo, al que muchos consideraban una generación capaz de avanzar lejos en el torneo con Son Heung-min como estandarte.
El presidente de Corea del Sur tampoco quedó al margen. Según la prensa local, la máxima autoridad del país utilizó el término «incompetentes» para referirse al cuerpo técnico y anunció medidas concretas. La Federación de Fútbol de Corea deberá iniciar ahora la búsqueda de un nuevo seleccionador para el ciclo que apunta al Mundial 2030.