• Académica UOH explica cómo los brotes sanitarios inciden en las exportaciones, los desafíos de control epidemiológico y la importancia de la bioseguridad para resguardar la competitividad del sector La reciente detección de un brote de influenza aviar de alta patogenicidad en Chile ha puesto en evidencia la estrecha relación entre sanidad animal y comercio internacional, generando efectos inmediatos en mercados altamente exigentes. Así lo analiza la académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), la Dra.

Paula Toro Mujica, quien aborda las principales implicancias de este escenario para el sector avícola nacional. De acuerdo con la especialista, la confirmación de un foco en aves de corral puede activar rápidamente restricciones comerciales por parte de países importadores, pues “la detección de un brote es extremadamente relevante para el comercio internacional, ya que se interpreta como una pérdida temporal del estatus sanitario libre del país o zona de origen”, explica.

En ese contexto, Chile activó una autosuspensión de sus exportaciones avícolas tras la confirmación de un brote en la Región Metropolitana, en línea con los protocolos internacionales. La Dra.

Toro detalla que estas decisiones se sustentan en marcos regulatorios globales como el Código Sanitario para los Animales Terrestres de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y el Acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que establecen criterios para resguardar la sanidad y el comercio seguro, incluyendo herramientas como la zonificación, la certificación veterinaria y la vigilancia epidemiológica. En cuanto a los desafíos que enfrenta la industria, la investigadora sostiene que el principal objetivo es controlar rápidamente el brote, evitar su propagación y demostrar la ausencia de circulación viral.

“Esto implica una coordinación estrecha entre el sector público y privado, junto con medidas como el sacrificio sanitario, la limpieza y desinfección de los planteles afectados, la restricción de movimientos y una vigilancia activa”, señala la académica. Desde el punto de vista productivo, la bioseguridad se posiciona como una herramienta fundamental para prevenir nuevos focos.