El Banco Central publicó este jueves las normas que permitirán pagar el transporte público con tarjetas bancarias corrientes, ya sean de crédito, débito o prepago, nacionales o extranjeras.

La clave está en cómo funciona el sistema: las tarjetas se validarán de forma rápida en los torniquetes y lectores de acceso sin necesidad de verificar el saldo en ese instante. La verificación del saldo, la autorización y el descuento final ocurren después. Es como cuando usas una tarjeta en el extranjero: el cobro se procesa de inmediato, aunque el cargo aparezca al día siguiente en tu cuenta.

Esto resuelve un problema operacional concreto. El transporte público no puede funcionar con tiempos de espera en los accesos, y los sistemas de validación en tiempo real son demasiado lentos para esa realidad.

Para evitar abusos, el ente regulador incorporó una serie de resguardos. El principal consiste en verificaciones periódicas durante el día que detectan tarjetas sin fondos o bloqueadas. Cuando el sistema identifica una, la agrega a una lista de denegación que le impide hacer más viajes hasta que el titular regularice su situación, según publicó BioBío Chile.

Uno de los puntos más debatidos en la consulta pública fue el "monto garantizado diario", el monto que los bancos o emisores de tarjetas deben cubrir cuando un pasajero viaja sin tener saldo suficiente. Hoy ese límite está en $2.000 por resolución del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones.

El Banco Central optó por una posición neutral en la norma definitiva: no fija quién debe asumir ese costo, sino que permite que los propios actores del sistema, ya sean los emisores, los operadores del transporte o los STPM (Sistemas de Transporte Público Masivos), definan esa cobertura según sus contratos y acuerdos.

Los emisores con altas tasas de fraude o poca tolerancia al riesgo podrían quedar fuera del sistema en una primera etapa. La norma no impone participación obligatoria, sino que crea el marco regulatorio para quienes decidan incorporarse.