Para los Galarza, el final de la guerra de Malvinas significó el peor de sus recuerdos. Porque cuando el padre preguntó por su hijo, le respondieron que estaba muerto o desaparecido y cuando el hijo preguntó por su padre, le dijeron que estaba mal herido.
Lucio se llama igual que su papá, que en la época de la guerra tenía 40 años y era sargento primero del arma de sanidad del Ejército. Después de haber hecho la instrucción en la Marina (se negó a cambiarse a Ejército como le insistía su papá) Lucio hijo fue destinado al Batallón de Infantería de Marina 5 de Río Grande, una ciudad que ni sabía que existía.
Como el papá le había enseñado a toda su familia los rudimentos de enfermería y de primeros auxilios, fue al Departamento de Sanidad, donde se desempeñó como asistente de un odontólogo. El 8 de abril el BIM 5 cruzó a las islas con la Compañía Nácar.
Lucio fue como conscripto camillero. Estuvo en Monte Tumbledown donde, increíblemente, en una oportunidad su papá lo fue a visitar.
El hombre, que estaba con el regimiento 4 de Monte Caseros en Monte Kent, decidió buscar a su hijo cuando se enteró de que el BIM 5 también estaba en las islas. Lucio recuerda que no lo había visto, que venía caminando a sus espaldas.