Hay creadores de contenido que convierten las redes sociales en un catálogo continuo de su vida: el desayuno, el viaje, el bolso de marca, la villa alquilada para el fin de semana. Algunos van más lejos y exhiben de manera abierta su poder adquisitivo. No hace falta que digan el precio: cuando alguien muestra un vuelo en primera clase a Dubái o una cartera de Hermès, el contexto lo dice todo. Y aun así, millones de personas los siguen, los consumen y, a la vez, los critican. Esa contradicción tiene una explicación.

La psicóloga española Lara Ferreiro lo describe con claridad: vivimos en una sociedad obsesionada con observar la vida de los demás. Las redes sociales, la publicidad y la llamada "cultura del éxito" nos bombardean con imágenes de personas que parecen tener más de todo. El resultado es que la mente activa de manera automática lo que los psicólogos llaman comparación social: ponemos nuestra realidad frente a la que vemos en pantalla.

Cuando esa distancia es pequeña, la comparación puede funcionar como motivación. Pero cuando la brecha es enorme, el proceso se invierte. Ver que alguien gasta en un fin de semana lo que uno gana en un año no inspira. Ferreiro lo define con precisión: la comparación "deja de ser inspiradora y se convierte en amenazante para la autoestima".

El lujo también actúa como símbolo cultural, lo que explica la fascinación inicial. Los bolsos de diseñador, los autos caros y los hoteles de cinco estrellas están codificados como marcadores de éxito. El cerebro responde a esas señales con admiración casi automática, antes de que el razonamiento intervenga.

Pero esa admiración tiene fecha de vencimiento. Cuando la distancia entre lo que se ve y lo que se vive resulta demasiado grande, la aspiración se transforma en irritación. No es casualidad que los creadores de contenido que más ostentan sean también quienes acumulan más comentarios negativos. Según Ferreiro, el rechazo activo es, en el fondo, una respuesta defensiva de la autoestima frente a una comparación que ya no es posible ganar.