La reciente noticia que advierte que 132 comunas del paÃs no cuentan con un Plan de Reducción del Riesgo de Desastres (PRRD) vigente ha vuelto a poner sobre la mesa una preocupación legÃtima: la necesidad de fortalecer la preparación de los territorios frente a amenazas cada vez más frecuentes e intensas. Sin embargo, existe un riesgo en enfocar el debate exclusivamente en la existencia o ausencia de estos instrumentos.
Si bien los planes son fundamentales para orientar la gestión local del riesgo, serÃa un error pensar que la resiliencia de una comuna depende únicamente de contar con un documento aprobado. La experiencia nacional e internacional demuestra que los desastres no se gestionan desde un archivador.
Un plan puede identificar amenazas, establecer responsabilidades y definir lÃneas de acción. Pero cuando ocurre una emergencia, lo que marca la diferencia es la capacidad efectiva de las instituciones y de las comunidades para actuar.
La verdadera pregunta no es cuántas comunas tienen un plan vigente, sino cuántas cuentan con capacidades reales para anticipar, resistir, responder y recuperarse de un desastre. Chile ha avanzado significativamente durante los últimos años.
La creación del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Sinapred), la promulgación de la Ley 21.364 y la consolidación de nuevas herramientas de planificación representan pasos importantes hacia una gestión moderna del riesgo. No obstante, persiste una tendencia a medir el progreso principalmente a través del cumplimiento administrativo, cuando el desafÃo es mucho más amplio.