El Presidente José Antonio Kast volvió de Paraguay convencido de que ese país guarda una lección para Chile. Durante su visita oficial, elogió la regla tributaria del 10-10-10 como modelo de crecimiento y disciplina fiscal. "Es un ejemplo para toda la región: un país que ha sabido ir ordenando sus cuentas", dijo el Mandatario. La tesis no tardó en ser rebatida.

Claudio Agostini, economista de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), desmontó el argumento en El Primer Café de Cooperativa: Paraguay no bajó los impuestos. La tasa del 10% en IVA (impuesto al valor agregado), renta empresarial y renta personal lleva ahí décadas. La gran reforma que el país guaraní implementó en 2019, y que comenzó a operar en 2020, no modificó ninguna de esas cifras.

Lo que sí hizo esa reforma fue ampliar la base de contribuyentes, incorporando a agricultores y profesionales independientes que antes quedaban fuera del sistema. También modernizó la recaudación con facturación electrónica, aunque ese dato complica el relato presidencial: Paraguay adoptó ese mecanismo en 2020, seis años después que Chile, que lo implementó en 2014.

"Concluir que Paraguay bajó los impuestos y por eso creció al 5% es equivocado", afirmó Agostini. Si esa lógica fuera válida, el país guaraní llevaría dos décadas creciendo a ese ritmo, algo que no ocurrió.

Alejandro Micco, economista de la Universidad de Chile y exsubsecretario de Hacienda ligado a la DC (Democracia Cristiana), ofreció otra lectura: el crecimiento paraguayo reciente se explica en buena parte por las exportaciones de soya, no por la arquitectura tributaria. "No sé si es un país que yo quisiera compararme con los niveles de evasión que tiene", señaló. Micco además advirtió que Paraguay parte de un nivel de desarrollo "muchísimo más bajo" que el chileno, y que su sistema tributario no es tan simple como luce: al 10% corporativo se suma un impuesto adicional a los dividendos, sin crédito integrado entre ambas cargas.