El verdadero miedo no es la deuda La semana pasada, Sebastián Edwards preguntó en una columna publicada por este medio: ¿Quién le tiene miedo a la deuda? Una pregunta “provocadora” que agradezco porque nos invita a pensar y salir del debate fiscal monótono, a ratos aburrido.

Edwards señaló que Chile no puede convertir la deuda pública en un “fetiche moral” ni tratar el 45% del PIB como si fuera una frontera entre la virtud y el abismo. Que no existía un número mágico que convirtiera automáticamente una deuda del 44% del PIB en responsable y otra del 46% en catastrófica.

La palabra clave, como él mismo subraya, es que se puede permitir un aumento “transitorio” por encima del umbral del 45% del PIB. Y ahí está el punto.

Una deuda que supera transitoriamente su nivel prudente no es necesariamente un drama. Pero para que sea transitoria, deben existir condiciones que permitan su convergencia.

Recordemos que Chile lleva cerca de 18 años con una deuda pública creciente, bajo gobiernos de distinto signo político, y con cada vez menos holgura para contenerla. Su dinámica responde a cuatro palancas: el balance primario (ingresos menos gastos antes del pago de intereses), el crecimiento de la economía, el costo de financiamiento y otras necesidades que no afectan el déficit, pero sí la deuda, como el financiamiento “bajo la línea”.